Reseña: La revolución en permanencia

La filosofía de la revolución en permanencia de Marx en nuestros días, Raya Dunayevskaya, Juan Pablos, México, 2019.

(Publicada en La Jornada Semanal, núm. 1295, 29 de diciembre de 2019, p. 11).

                                                                                    Eugene Gogol

León Trotsky es justamente famoso por la teoría de la revolución permanente –que la revolución podría ocurrir en un país tecnológicamente subdesarrollado antes que en uno capitalista avanzado–, la cual él desarrolló por primera vez con un colega, Alexander Parvus. Fue un brillante pronóstico de los sucesos en Rusia. Sin embargo, no es de la teoría de Trotsky sobre la revolución permanente de lo que se ocupa esta compilación recién publicada de escritos selectos de Raya Dunayevskaya. Los ensayos, presentaciones y cartas en La filosofía de la revolución en permanencia de Marx en nuestros días están centrados en este concepto de Marx y en su significado para nuestra época.

Los autores que hablan sobre Marx que sí mencionan sus escritos sobre la revolución permanente, a menudo se centran exclusivamente en un llamado a la “revolución permanente” en su mensaje de junio de 1850 a la Liga Comunista, analizándolo frecuentemente como un exhorto supuestamente táctico/estratégico de Marx a seguir la revolución después de la derrota de las revoluciones de 1848-1849 en Europa, en donde Marx estaría “equivocado” por pensar que la revolución podía continuar.

Sin embargo, Dunayevskaya tenía algo bastante distinto en mente cuando se ocupó del concepto de Marx de revolución permanente. De hecho, ella llamó a Marx el “filósofo de la revolución permanente”. ¿Qué quería decir con esto?

Primero, Dunayevskaya rastreó el uso de Marx de dicho término. Su expresión inicial del concepto ocurrió en 1843:

La emancipación política es, en efecto, un gran progreso; aunque no sea la última forma de la emancipación humana, lo es en el actual orden del mundo […] Pero no hay que engañarse sobre los límites de la emancipación política. […] constituirse como la vida real y coherente de los hombres a nivel de especie. Esto, sin embargo, no puede conseguirlo más que contradiciendo violentamente la base de su propia vida, es decir declarando la revolución como permanente […] Sólo cuando el hombre real, individual, reabsorba en sí mismo al abstracto ciudadano y, como hombre individual, exista a nivel de especie en su vida empírica, en su trabajo individual, en sus relaciones individuales; sólo cuando, habiendo reconocido y organizado sus “fuerzas propias” como fuerzas sociales, ya no separe de sí la fuerza social en forma de fuerza política; sólo entonces se habrá cumplido la emancipación humana.

Páginas malditas. Sobre La cuestión judía y otros textos. Buenos Aires: Libros de Anarres, 2013, pp. 23-24, 37.

Así, para el joven Marx, su primera mención de la revolución permanente estaba íntimamente ligada a la emancipación humana. De hecho –y esto es lo que Dunayevskaya argumentaba con fuerza– uno podría afirmar convincentemente que las siguientes cuatro décadas en el pensamiento y la acción de Marx fueron el desarrollo de una praxis de la revolución en permanencia como vía hacia la plenitud de la emancipación humana.

Ese camino implicaba encontrar a los sujetos vivos de la transformación social de raíz. Ciertamente, el proletariado, pero Dunayevskaya también señaló el interés de Marx en otros actores: en sus Apuntes etnológicos, Marx escribió sobre las mujeres iroquesas en norteamérica, así como sobre el aborigen australiano, a quien Marx llamó “el negro inteligente”. Marx estudió la comuna campesina rusa, el mir, como posible origen para que Rusia evadiera las vicisitudes del capitalismo.

Pero la revolución era necesaria para lograr esto: “Para salvar la comunidad rusa hace falta una revolución rusa.” La actividad de las mujeres en la Primera Internacional también fue mencionada por Marx. La revolución permanente como vía hacia la emancipación humana estaba igualmente arraigada en la dialéctica –la revolución de la filosofía hegeliana–, la cual Marx estudió-criticó-recreó como una filosofía de la revolución. Este libro contiene varios escritos de Dunayevskaya sobre la dialéctica hegeliana y marxista, los cuales muestran la deuda de Marx con Hegel, pero también su separación de él.

El concepto de revolución permanente de Marx fue igualmente desarrollado en su obra maestra El capital. El análisis de Dunayevskaya de esta obra sostenía que su contenido puede ser captado de la manera más amplia trazando cómo el humanismo y la dialéctica forman la base de esta obra económica.

Además de buscar el origen de la revolución permanente en Marx en la forma de sujetos de revolución, así como pensamiento y práctica dialécticos, Dunayevskaya escribió sobre Marx y la organización revolucionaria: de la Liga Comunista a la Primera Internacional, y hasta los escritos de Marx sobre la Comuna de París y su incisiva crítica a la así llamada organización revolucionaria en su Crítica al Programa de Gotha. Dunayevskaya veía a Marx buscando organizaciones espontáneas desde abajo, ayudando a crear organizaciones revolucionarias en varios momentos históricos y construyendo una organización que reflejaría y proyectaría un cuerpo emancipador de ideas, todo ello en tanto formas organizativas de la revolución permanente.

Estos escritos selectos de Dunayevskaya no son sólo una exploración de la construcción multidimensional de Marx de la revolución en permanencia, sino que también incluyen una importante batalla de ideas: la crítica a varios marxistas postMarx, de quienes Dunayevskaya argumentaba que no comprendían la totalidad del marxismo de Marx. Se incluyen aquí ensayos críticos sobre pensadores tales como Eric Hobsbawn, Maximillian Rubel, Roman Rodolski y Theodor Adorno.

Finalmente, una amplia sección se ocupa de la cuestión de Marx como filósofo de la revolución en permanencia: leyendo a Marx para nuestros días. Aquí, los escritos de Dunayevskaya abarcan la liberación afro y el internacionalismo, la liberación de las mujeres y la dialéctica de la revolución, y la dialéctica de la organización y la filosofía.

El título del libro se centra en la filosofía de la revolución de Marx en nuestros días. Así, uno está impulsado a preguntar: ¿hay alguna relevancia, algún significado de la filosofía de Marx de la revolución permanente para América Latina? De ser así, ¿cuál es? Aquí yo argumentaría que el concepto de Marx y Dunayevskaya de la revolución en permanencia puede de hecho hablarle a América Latina. El marxismo de Marx y el humanismo marxista de Dunayevskaya se sostienen sobre una visión filosófico-revolucionaria no dogmática de la emancipación humana, en la cual los sujetos de revolución y la filosofía emancipadora son lo primero y principal. ¿Qué podría ser más relevante para América Latina, para México, que la actividad emancipadora permanente de los pueblos originarios, de las mujeres que luchan por su liberación a lo largo del continente, de los jóvenes que exigen una existencia libre en nuestra América? Tal como lo hace notar el editorial de un número reciente de Ojarasca. La Jornada, se trata de la “revolución permanente de los pueblos originarios” (núm. 270).

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